(Para Fer)
Gnosti
Te @uton (Conócete a ti mism@) Inscripción en la entrada del templo
de Apolo en Delfos, sede del sagrado Oráculo en Grecia.
De
una manera u otra todos buscan.
Todos
buscamos aquello que nos ayude a calmar esta sed. Esta antigua sed de
significado con que todos los Humanos venimos, y que muchas veces
elegimos ignorar o paliar según el caso.
Pero
no puedo hablar de la experiencia de otros, solo puedo hacerlo desde
la voluntad del Morador de este complejo ensamblaje bioquímico que
impulsa a escribir esta nota, en la que se intentará contar una
experiencia sobre las posibilidades de que esa sed pueda ser
erradicada.
“La
Mente es como un pulido espejo, y debemos vigilar que se mantenga
limpio”
Shen
Hsiu
Hace
2500 años, un hombre se sentó debajo de un árbol, y, con firme
determinación, se aferró a una técnica, prometiéndose no cambiar
de postura hasta no encontrar una respuesta al por que del
sufrimiento Humano.
La
técnica, ya en esos tiempos era antigua, se trataba de poner la
atención en el flujo de entrada y salida de la respiración.
Sidharta,
el Buda más conocido, agregó además a esa modalidad, la atención
a las sensaciones físicas y a su impermanencia. Descubriendo que los
contenidos de la mente reactiva, conocidos como sankaras, se
atenuaban y en muchos casos desaparecían ante una observación
ecuánime; sin rechazo ni apego hacia dichos contenidos. Ese fue el
genial aporte de Buda: una guía científica hacia la Liberación de
los seres, de esta programación generada por la dualidad, la ilusión
(Maya) y la ignorancia sobre como estos procesos nos controlan.
En
tiempos posteriores, un rey llamado Asoka, quién curó su adicción
a la crueldad gracias a la influencia de Buda, impulsó la difusión
del Budismo fuera de la India.
Por
ese entonces, salieron iluminados Maestros en dirección a los cuatro
puntos cardinales.
Los
siglos transcurrieron, y el Budismo se enraizaba por toda Asia.
Nuevos aportes modificaban y adaptaban la enseñanza original, a tal
punto que fue diluyéndose la transmisión pura de Anappana y
Vippasana en toda la India y en todos los países en que se difundía
el Budismo. A excepción de Birmania, el pais al este de India, donde
un linaje de maestros conservó puro el mensaje, aunque con escaso
predicamento. Hasta la aparición hace pocas décadas de S.N. Goenka,
un industrial Birmano aquejado de terribles migrañas crónicas que
lo mantenían pendiente de la morfina, el cual, sin mucha ilusión,
siguió el consejo de un amigo y visitó a un maestro de la técnica,
descubriendo (poco a poco) el potencial de curación y realización
de Vippasana.
Llegando
a comprometerse a apoyar y difundir esta buena nueva, a la que dedicó
buena parte de su vida y sus bienes, fundando centros con un original
sistema organizativo autónomo, los cuales dependen económicamente
de las donaciones que realizan todos aquellos que participan en los
retiros y las prácticas.
“Vippasana
es observar las cosas tal como son, no como parecen ser.”
El
primer día se llega por la tarde, se llenan unas formas y se
entregan los teléfonos, las llaves del coche, los libros y cualquier
posible motivo de distracción.
Se
nos vuelve a indicar el regimen diario, el cual comienza a las cuatro
de la mañana, cuando suena el primer gong llamando a meditar.
A
las cuatro y media se medita en sala, hasta las siete en que se
desayuna y descansa hasta las ocho. De 8 a 11 se medita en sala. A
las 11 se almuerza y se descansa hasta las 13. De 13 a 17 meditación
en sala. A las 17 merienda-cena ligera y descanso.
De
18 a 21 Meditación y charla cerrando la jornada. A las 22 se apagan
las luces.
Comienza
todo el primer día, al solicitar los neófitos, el llamado “Refugio
en las Tres Joyas” que es este:
“Tomo
refugio en el Buda (Que me muestra el Camino en esta Vida)
Tomo
refugio en el Dhamma (El Camino de la comprensión y del Amor)
Tomo
refugio en el Sangha (La Comunidad que vive Concientemente y en
armonía)”
Los
Neófitos se comprometen además a respetar y cumplir un código
ético llamado Shila.
Luego
de esto se enseña la técnica de Annapana sathi, de la que ya he
hablado al principio, la cual nos hace poner la atención en la
respiración natural.
Al
tercer día indican fijar la atención en las sensaciones en el área
entre la nariz y el labio superior. Gradualmente nos acercamos al
Vippasana en si.
Se
hace tomar conciencia repetidamente en “Anichka” Impermanencia.
Todos los procesos de las sensaciones surgen y desaparecen. Y uno
debe llegar a experimentar la realidad de que no somos ese personaje
que creemos ser, sino una infinidad de procesos ocurriendo
simultáneamente.
Infinidad
de sensaciones, unas más burdas, muchas más sutiles, las cuales nos
provocan o bien malestar, incomodidad y rechazo, o bien placer y
apego. Esta es la primera causa del sufrimiento señalada por Buda.
Ecuanimidad
(Upeksa) es el equilibrio al que debe tender el meditador, no
identificándose con dichos procesos, sino solamente observarlos: asi
como aparecen para luego desaparecer.
Poco
a poco, uno comienza a descubrir y discernir estas manifestaciones de
la mente reactiva conocidas como sankaras y como somos condicionados
por estas, hasta que conseguimos observarlos y, en la medida de
nuestras posibilidades: desactivarlos.
“El
presente es la única cosa que no tiene fin”
Schroedinger
Resulta
sin dudas una revelación impactante, el percibir la propia energía
con la atención de nuestra conciencia. Constatando como somos seres
de energía vibrante, cuestión que, a través de Vippasana, uno
comprueba directamente y por si mismo.
Al
finalizar cada jornada, las charlas de Goenka son muy clarificadoras,
hablan desde, y, hacia el corazón de quienes hacen un mayor esfuerzo
para iluminar lo que permanecía sin luz.
Las
charlas nos hablan directamente sobre lo que nos está ocurriendo, y
con gran persistencia van borroneando los dominios de la ignorancia
sobre lo que somos.
En
cuanto a mi, debo reconocer que mi mayor inquietud era la postura,
pero apilando cojines uno escapa del loto puro y duro. Eso si, a
partir del cuarto día, piden que se observe (durante tres horas
repartidas) una inmovilidad absoluta (en lo posible) el Aditthana…
Y entonces si, acuden los dolores… A mi me atormentó una vieja
lesión de espalda, pero, lo extraordinario, es que llegaba un
momento en el que todos los malestares y las dificultades se
trascendían (Las charlas confirmaban mis propias experiencias)
El
dolor surge, y es observado sin rechazo, el dolor desaparece.
El
bienestar surge, y es observado sin apego, el placer desaparece.
La
Ecuanimidad nos guía por el camino del medio. La Mente, al calmarse,
es como el lago en que desaparece la agitación y las olas, y solo
entonces es que comienza a verse con claridad.
Hacia
el séptimo día, se me había dado dominar bastante la técnica, el
flujo era increíble en brazos, cabeza y piernas, no tanto en tronco,
donde mis sensaciones eran muy burdas aún.
En
mis manos, mi atención jugaba con la energía, haciéndola
“circular” entre los dedos de diferentes maneras.
Allí
tomé conciencia de una experiencia que había tenido con psylocybe
de hongos en mi juventud.
Hasta
el Vippasana, creía que una energía me había venido del exterior…
Luego de sentir lo que sentí en el retiro, ya no estoy tan seguro de
eso…
El
octavo día, el calor de Junio era agobiante, y una sucesión
persistente de situaciones e imágenes de carácter femenino no me
facilitaban la meditación.
Simultaneamente,
se me manifestó una sensación que en principio me alarmó bastante.
Posiblemente
debido a la postura, algún nervio se viese afectado, no lo tengo muy
en claro, pero tenía la vívida sensación de que tenía una
serpiente entre el perineo y el muslo, y no paraba de retorcerse y
como de palpitar, toda una prueba…
Al
noveno y al décimo día, no conseguí volver a la fluidez de
Vippasana de días anteriores.
El
décimo día es cuando se rompe el voto de silencio; y la alegría
inunda el Sangha (La comunidad de practicantes)
Espontáneamente
se armaron dos círculos de hombres en el jardín, solo separados por
una cuestión idiomática: los del inglés y los del español.
Allí
recién nos presentábamos, y zumbaban historias, bromas,
ocurrencias, que durante diez días habían estado reposando…
Luego
de quitada la válvula, y que todo el entusiasmo y felicidad que ello
genera se hubiesen calmado, se empieza a ahondar en las relaciones
personales, donde todos queremos compartir nuestras razones y
nuestras búsquedas.
El
décimo día además, se propone una última técnica, conocida como
Metta, la cual apunta al despertar del corazón para que irradie Amor
hacia todo y todos.
Luego
de casi tres días en penumbras, esta última meditación consiguió
activarme significativamente el chakra Anahatha.
En
otras palabras, todos estos Despertares que induce el Dhamma o
Dharma, apuntan no solo a un darse cuenta de realidades que ignoramos
y a un mayor autocontrol, sino que también este método, que a todas
luces es científico, nos lleva hacia actitudes de entendimiento
hacia el prójimo, nos vuelca hacia la Compasión por toda criatura
viviente.
Nos
guía hacia el Amor.
“No
tiene sentido que algo bueno que sucede al otro lado del mundo nos
enternezca, pero lo hace.
Parece
ser una ley cósmica el que la Bondad ejercida libremente, tiene el
potencial de expandirse de manera exponencial. Parece contribuir
muchísimo a curarnos a nosotros mismos y a nuestro planeta.”
Ma
Deva Padma
Los
Centros de Vippasana (Y me consta) no cobran un céntimo por ninguna
estadía en ellos, corta o larga.
De
cualquier manera, uno tiene allí todo resuelto lo material, una
cama, una ducha caliente, una excelente alimentación servida por
voluntarios del Dhamma; todo ello para que el practicante pueda
enfocar toda su atención en la técnica, y poder así avanzar en el
Camino (Un buen Camino) y conocerlo…
El
último día hay una mesa. Se llama la mesa del Dana. Dana son los
donativos voluntarios que los participantes hacen, y que son la
energía económica con que estos centros se sostienen.
Se
trata de un esquema colaborativo basado en la confianza, la buena
voluntad y el agradecimiento que funciona increiblemente bien. Y a
muchos nos da por imaginar que bueno sería que algún día un
sistema similar se extienda a todos los ámbitos de la sociedad.
Ojalá
el sentido común nos lleve como Humanidad a colaborar unos con otros
y nunca más a competir unos con otros.
Si,
tengo por cierto que todos vamos camino a dejar atrás el oponernos y
a volver más comunes preguntas como:
Hay
algo que necesites?
En
que podría ayudarte?
Y
a volver más comunes afirmaciones como:
Tienes
razón. No hay problema.
Te
comprendo. Sigue adelante!
Este
retiro fue realizado en uno de los dos centros que existen en España,
el Dhamma Neru, ubicado en Santa María de Palautordera, un pueblito
al norte de Catalunya durante diez días del mes de Junio de 2017.
Para la negra Fer...
Para la negra Fer...


















