Anatole France
“Vivir en un pais es cautiverio. Corretear por todos es una vehemente picardía"
3era Elegía de John Donne
“¿Qué hago aquí?”
Arthur Rimbaud (Escribiendo a casa desde Etiopía)
Tal vez, de nuestras lecciones de geografía escolar, haya permanecido en la memoria aquella forma de clasificar a los pueblos en sedentarios o nómades, conceptos que definieron los límites de la civilización… Se supone que, hasta que alguien descubrió la agricultura, el ser humano tendía a la movilidad, apremiado entonces por su supervivencia.
En el momento en que ese anónimo antepasado planta la primera semilla, el mundo se transforma, surge la aldea. Las criaturas dejan de caminar en pos del alimento. Poco después surgen ciudades, gobiernos, y con ello todas las formas de dominio y represión de los auténticos impulsos humanos de libertad.
En el transcurso de los siglos, han adecuado al animal humano a que crea que no hay otro mundo posible que el que sus guías políticos y religiosos le presentan. Familia, Trabajo, Dinero, Patria, Créditos, Dios.
Hay que reconocerle pleno éxito al proceso de hipnosis social que las clases dominantes han operado en la mayoría de los pueblos.
El ascenso y la caída de los imperios trata de los límites en la ambición de poder. Y es allí donde la naturaleza de las cosas frena hasta un cierto punto el humano desquicio.
Tampoco olvidemos el papel del tiempo: “Omnia Tempus Haben” (Todas las cosas tienen su tiempo) que refiere el Eclesiastés. Pero del error en el tiempo nos ocupamos en otro blog que anda por ahi; y este artículo quiere tratar de lo que a nuestro entender es: el error de permanecer inmóvil en determinadas coordenadas.
El error de aferrarnos a nuestro pequeño hábitat, sosteniendo ejércitos que nos ¿protegen?, reyes e impuestos que nos sangran y sacerdotes funcionales al poder. Si bien en ello hay un error, que de seguro la antropología podría explicar con pelos y señales, no lo es menos el hecho de creer que la posibilidad de movernos, de viajar, es una tontería sin sentido si no hay motivaciones económicas o de placer pre-digerido. Me urge citar a Bruce Chatwin, un escritor y viajero de origen inglés, que dijo: “El Viaje hace innecesarias las jerarquías y las exhibiciones de autoridad. Los dictadores del reino animal son aquellos que viven en un ambiente de abundancia. Los anarquistas, como siempre, son los caballeros del camino.”
O las palabras de aquel mendigo cuando le preguntaban por que viajó toda su vida, el decía: “Es como si las mareas te estuvieran tironeando por el camino. Me parezco al gaviotín agolondrinado, caballero. Ese si que es un pájaro. Un hermoso pájaro blanco que vuela del Polo Norte al Polo Sur y después vuelve al punto de partida.”
Uno de mis sueños, consiste en que la gente, toda la gente, pudiera moverse libremente por el mundo, en un intercambio constante de comprensión, solidaridad y afectos. Que ya no se emigre por necesidad, que ya no existan perseguidos ni refugiados, ni mortíferas fronteras.
Cuando hoy mismo asistimos a una nueva clasificación de las poblaciones que aún no figura en los textos de geografía, se trata de los “Migrantes climáticos”. Gente obligada a irse de sus lugares a causa de las variaciones climáticas. Y algunos sostienen aún la viabilidad de el mundo del progreso…
Y por otro lado allí estás tú, viej@ sedentari@, mirando el techo una noche de insomnio, ignorando las palabras del gran filósofo Sören Kierkegard cuando en una carta le contaba a su amiga: “Sobre todo, no pierdas tu deseo de caminar, yo mismo camino diariamente hasta alcanzar un estado de bienestar, y al hacerlo, me alejo de toda enfermedad. Caminando he tomado contacto con mis mejores ideas, y no conozco ningún pensamiento cuya naturaleza sea tan abrumadora como para que uno pueda distanciarse de él andando… pero cuando te quedas quieto, y cuando más te quedas quieto, más próximo estás a sentirte enfermo… De modo que si caminas sin parar, todo saldrá bien”
Para redondear esta nota he creído justo homenajear a todas esas criaturas llamadas linyeras, peregrinos, mochileros, vagabundos del planeta, quienes un día descubrieron que tenían pies para recorrerlo. Consignar además un deseo, amigos míos, y es que algún día nos encontremos por algún camino del ancho mundo y podamos celebrar de alguna forma el ser humanos”



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